miércoles, 30 de mayo de 2007

Bichosaurus Rex

Hace millones de años, mucho antes de que un mono descerebrado decidiera bajar de los arboles para impresionar a la hembra de turno con sus andares erguidos de simio moderno, caminaban sobre la tierra algunos animales que, más inteligentes que ese mono, optaron por extinguirse antes de que a alguno se le ocurriera empezar a llevar corbata.

Varios millones de años más tarde, unos cuantos descendientes de aquel absurdo primate decidieron que sería buena idea empezar a cavar la tierra en busca de piedras que poder coleccionar (ya que la filatelia no deparaba demasiadas emociones) tropezando con los huesos de aquellos extintos animales que hasta entonces habían descansado en paz y, puesto que siempre es más interesante coleccionar partes de un cadaver que un puñado de insulsas piedras, se dedicaron al estudio de esos animales a los que llamaron dinosaurios.

domingo, 13 de mayo de 2007

El Banyán Rojo

Ay de aquellos que estrechan sus manos con lo oscuro!"
"Pues sus corazones, cual tierra fértil, habrán de albergar las raices del mal, hasta que ese mal se convierta en un árbol tan gigantesco que sus ramas les impidan ver la luz del sol"
(El Banyán Rojo - Carlos Vermut)

viernes, 16 de marzo de 2007

Asas de cubo contra manijas de balde



Se dispuso a como su antepasado el minotauro, adentrarse en aquel laberinto de pasillos poblados días si días no, por una marea de forasteros que parecían enojados con su presencia. La puerta norte sirvió de entrada al recinto, a su derecha el lugar de los medianos, solo unos pocos, pero suficientes como para generar un murmullo ensordecedor que a no pocos valientes habría quitado el habla. Frente a él una escalera que tendría a bien elevarle hasta el núcleo central de aquella enorme trampa. Desde arriba no podía verse perspectiva alguna de cómo había de ser esa planta. Las visiones de recintos familiares se sucedían una tras otra con un armonioso orden difícil de interpretar. Como si del paso por la casa de uno se tratara, igual sillones había, que lisas superficies que devolvían nítidas imágenes, que lugares habilitados para cocinar manjares. Cualquiera no adiestrado para soportar aquello, se dejaría llevar como lo hacían los miles de muertos que convertidos en zombies deambulaban por las contiguas estancias.

De las muchas veces que allí estuvo, pudo ver lejanos y aguerridos visitantes de todas partes y culturas. Como si de una torre de babel se tratase, allí peregrinaban buscando tesoros gentes de aquí y de allá. Una vez incluso, escuchó como alguien del otro lado del gran mar contaba distraído como le costó entender el significado de “asa de cubo” y como finalmente ocurriósele que hablaban de “manijas de balde”.

Al bajar, dejando atrás los recintos lavatorios, accedió al jardín de este laberinto frondoso y cercano a aquel abierto y espacioso lugar. Aquel lugar donde debía de proveerse de todo aquello que necesitaría hasta su regreso aquí.
Pensó: Ha sido duro, algunos casi desmayan en el empeño, pero al fondo se puede ver la barrera final, aquella que nos separa de la salida sur y ante la cual deberemos esquilmar nuestra plata.

Nunca más me dejaré llevar por la publicidad. No creo en la independencia de esta república. Maldito ikea se dijo.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Mallas en la noche


"Vosotros sois diferentes. Sois tan... perfectos."
J.F. Sebastian
BladeRunner

Es asombroso lo fácil que es llevar una doble vida. Lo fácil que es parecer un hombre sencillo y respetable con ponerse un traje y una corbata. Lo sencillo que es camuflarse bajo unas gafas de pasta.
Nadie sospecharía que por las noches me enfundo en mis mallas apretadas y deambulo hasta las tantas en busca de acción, de chicos malos a los que castigar. Nadie pensaría que bajo esta chaqueta se esconde un pecho acerado y que bajo esta camisa de rayas hay unos brazos de musculación perfecta. Que dentro de esta cabeza se esconde una mente atormentada.
Comencé a mentir para proteger a mis padres de comentarios maliciosos. Ellos lo aceptaron enseguida pero la gente utiliza todo lo que es distinto para intentar hacer daño. Desde hace algún tiempo la verdad es que no se de que me escondo, imagino que lo sigo haciendo por rutina.
Durante un tiempo me avergonzó no ser como los demás niños. No poder jugar al fútbol americano y salir con las chicas después del partido a confesarle mis secretos. Pero un día comprendí porque no podía ser. Yo estaba aquí para algo más.
Y es que aunque nunca fui como ellos al final me acabaron aceptando e incluso me consideran su evolución. Por eso me llaman: Superman.
La imagen es de este fotoblog

martes, 13 de febrero de 2007

La séptima trompeta

“frecuentes,
de manera continua,
las piras de cadáveres ardían”

Homero. Ilíada


La ceniza caía lentamente sobre las ruinas mientras el cielo continuaba ardiendo.
Había tantos fantasmas arrancados de la vida súbitamente que las calles estaban atestadas de entes inmateriales que vagaban desorientados entre los escombros, algunos aun rodeándolos, otros, intuyendo ya su nuevo estado, atravesándolos.
El hermoso crepúsculo ígneo de la primera jornada que concluía en el planeta vacío era admirado por muchos desde la privilegiada perspectiva que da el ser testigo de los prodigios del juicio final.
Pronto los días se volvieron rutinarios y los billones de muertos del planeta no tuvieron nada que hacer excepto hablar de sus vidas pasadas. Muchos buscaron sus restos para permanecer cerca de ellos, como la prueba de su existencia previa; la frágil huella de la vida que dejaron atrás.

-Mi pelo... negro... como una cascada de crines de caballo, decía mi abuelo, mi pelo largo y negro ardió, creo que fue lo primero, luego la piel y los ojos que se derramaban en lagrimas que me quemaban la cara, lagrimas que eran yo…desnuda de carne, por un momento solo fuí esqueleto y luego ceniza…ceniza que se llevo el viento-

Los niños se reunían y se contaban sus muertes en las noches cada vez más largas; las noches en las que el humo dejaba ver el incendio perpetuo del cielo.

lunes, 5 de febrero de 2007

Nunca Invierno

El coche dio muchas vueltas de campana, pensaba el hombre sentado en el porche mientras daba suaves caladas a la pipa que tenia en una de sus manos. Pasaba tardes enteras intentando recordar el amasijo de hierros en que se había convertido el coche. “Ahora tiene que estar completamente sepultado por la nieve. Como todo en Nunca Invierno” pensó. “Aquí, los árboles no son verdes, los ríos y los lagos no son de agua liquida, el tiempo es frío, incluso el paso de las horas a veces se congela, dejándome atrapado con mis pensamientos y recuerdos”. “¿Por qué si no, pienso otra vez en el accidente?”

Al hombre le encanta pasear las mañanas que no nieva, que en Nunca Invierno son muy pocas, hasta el pequeño lago de los peces de colores. Su superficie es un bloque de hielo, con los peces congelados en su interior, el hombre se detiene siempre a observarlos, los de colores rojos, naranjas, amarillos y negros, como luces que parpadean, aunque lo que parpadean son los ojos del hombre, para hacerle crear y creer, una ilusión de movimiento que no existe. ¿Cuántas veces habrá intentado escapar de Nunca Invierno? Cuando el hombre pierde los nervios, intenta ir en línea recta, pero las huellas que deja sobre la nieve, se borran tan rápido, que es imposible que se de cuenta cuando vuelve sobre sus pasos. De repente sale de detrás de unos árboles y ahí esta la cabaña, cubierto su tejado por un manto blanco, dejando escapar volutas de humo al cielo, a través de la chimenea, porque dentro de la cabaña, la chimenea siempre esta encendida, “Aunque tiene gracia”, piensa el hombre, “en todos los años que llevo aquí, jamás la he alimentado, jamás he cortado o recogido alguna rama, jamás he hecho nada, que no sea fumar y pensar”. “Bueno, también he intentado escapar”

Pero el hombre aunque ahora no lo recuerde, también suele pasear hasta el lago de los peces de colores. En Nunca Invierno la nieve siempre cae a la misma velocidad y nunca sopla el viento, así que solo puede caer en línea recta, con una lentitud pasmosa y el hombre fuma un cigarro detrás de otro, deseando volverse loco, para poder disfrutar del entorno. Y en esos momentos, en que esta cerca de la locura, siempre piensa “Odio a los peces de colores, tan estáticos y carentes de movimiento” “Me ponen nervioso”.

También hay espíritus en Nunca Invierno. Es imposible verlos porque su esencia se compone de luz blanca y aunque el hombre nunca los ha visto, sabe que viven aquí, con él. Como los peces de colores, aunque ellos están congelados.

Otro hombre iba en el coche con él, su cabeza rebotaba y rebotaba con las múltiples vueltas de campana, pero el otro hombre no esta aquí, en Nunca Invierno, el hombre supone que sigue en el coche. A veces, cuando intenta escapar de Nunca Invierno, no sabe muy bien si lo que quiere es huir, o encontrar el coche para saber si el otro hombre sigue allí, atrapado bajo nieve y hierro destrozado.

Pero lo que el hombre no sabe, es que a Nunca Invierno, no hay que temerla jamás, aunque el destino del hombre sobre su superficie blanca, sea estar solo rodeado de nieve y frío. Y que si pudiese ver y hablar con los espíritus de Nunca Invierno, uno a uno le dirían: “Bienvenido a Nunca Invierno. Si encuentras un cadáver enterrado en la nieve, ten por seguro que soy yo. Porque en los años que pasé aquí, jamás me encontré con otro ser humano, ni muerto ni vivo, ni siquiera congelado”.

Pero es que lo que no saben los espíritus al igual que lo desconoce el hombre, es que solo uno que todavía lleve por ropa la carne puede hollar la perfecta superficie blanca y que cuando este hombre termine de apagarse, vendrá otro a calentarse con la chimenea de la cabaña y entretenerse con los peces de colores. Sin saber que aquellos que estuvieron antes que él, yacen bajo la nieve, cubiertos en el eterno frío de Nunca Invierno.